lunes, 10 de agosto de 2015

Un día perfecto



Maya era una chica de lo más normal. Incluso alguna vez le habían llamado "marimacho" porque siempre andaba con sus camisetas holgadas, unos jeans y sus converse. Además de sus aliados: su móvil y sus cascos. Y música. No podía vivir sin ella. Ni sin él. Él chico de quien estaba profundamente enamorada: Carlos.

Aunque él no era de su misma ciudad, ni siquiera de la misma provincia. Empezaron a hablar el verano anterior, incluso se mandaron varias indirectas a lo largo del mismo. Él siempre andaba ilusionándola. Siempre decía que iría a verla. Que pasaría por allí. Que tenía muchas ganas de verla.

El verano siguiente, ya no hablaban tanto. Apenas una o dos veces por semana. Siempre era ella quien comenzaba la conversación, la que debía preguntar, preocuparse y ayudar. No importaba qué tan bien o mal estuviera ella, no importaba.



***



Ya se acercaba el cumpleaños de Maya y estaba preparándolo todo. Presentía que ese día iba a aparecer él.

Los invitados llegaban y los recibía a todos con mucho entusiasmo, feli, contenta, alegre. No quería que cuando Carlos llegara, la viese con menos energía a la que acostumbraba. Y seguí y seguía esperando. Y nunca llegaba, no aparecía.

Ya era muy tarde, todo el mundo comenzaba a marcharse. Fue ese el momento en que comprendió que él no iba a aparecer. Que todo eran ilusiones sueños.

Ella creía que llegaría y saltaría a sus brazos, y se fundirían en un abrazo que se le apetecía eterno, mágico.

Al final todo resultó ser un sueño.

Producto de su mente.

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