lunes, 9 de enero de 2017

Ella.

Y fue ella quien, sin saberlo, se llevó el premio gordo. Pero no, no fue un peluche de oso enorme ni más dinero del que pudiera gastar. Fuiste tú.
Supo actuar sin demoras ni temor en el momento justo. No perdió ninguna oportunidad que estuvo a su alcance.

Es ella quien admira tus risas y sonrisas.
Quien te escucha y te cuenta.
La que te hace reír y te consuela.
Es ella la que tuvo el valor de acercarse y dar el primer paso, o todos los que hicieran falta por acercarse a ti.
Fue ella la que no tuvo miedo de ser rechazada o no correspondida y, sin embargo, a pesar de todo y de todos, no sabe valorar lo que tiene.
Y malgasta el tiempo mirando otros brazos que la puedan arropar.
Vive con el ceño fruncido con cada mujer que habla o hace cualquier cosa inofensiva con su "premio". Recelosa de cualquiera que ose acercarse o respirar cerca de él.

No sabe valorar lo que tiene y sin embarlo lo aparta del mundo.
Y lo peor es que él se deja.

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